Artículo publicado en la Revista Yerba Buena. Número 5. septiembre de 2006. - Ingrese al sitio de la Revista Yerba Buena

 
 
 
 
 
 

A 39 AÑOS DEL CIERRE

UNA HISTORIA PARA RECORDAR

José Frías Silva posee un relato que muchos desearían oír de sus propias palabras. Una historia de trascendencia y llena de recuerdos que a partir del testimonio del mismo “Don Pepe” muchos podremos compartir. Un relato exclusivo de lo que fue el Ingenio San José.

Surgimiento

Allá en el año 1831 Don José Frías y Araujo gobernador de Tucumán y opuesto al puerto de Buenos Aires, organizó una rebelión acompañado del gobernador de Salta, Rudesindo Alvarado, y el Gobernador de Catamarca, Díaz de la Peña. Jujuy en ese entonces no se constituía como provincia.

Rosas, quien estaba al frente del puerto de Buenos Aires, mandó una fuerza con Facundo Quiroga a la cabeza para enfrentarse con el grupo dirigido por Gregorio Aráoz de Lamadrid. Quiroga vence en la Batalla de Montegrande.

Gregorio para evitar que él y su familia sufran las consecuencias de la mazorca , junto con la familia de José Frías y otros sublevados deciden escaparse y huir al norte, más específicamente a Bolivia, donde tenían familiares.

José Frías se dirigió a Potosí donde residía su familia pero se vio obligado a instalarse en Cochabamba por la salud de su mujer que adolecía de problemas cardíacos y la altura no le era favorable. Sus hijos José, Justiniano y Uladislao se ubicaron en Chuquisaca donde estudiaron y se recibieron.

En 1841 se produce la segunda revuelta con Marco Avellaneda a la cabeza. Cae la Liga del Norte al perder contra el Puerto de Buenos Aires. Esto produce la emigración desde Tucumán hacia el Norte. Entre ellos viajaba un joven sacerdote llamado José Eusebio Colombres, quien luego se convirtió en obispo. “Mi tataraabuelo le consigue un puesto de teniente cura en Libilibi, un lugar cerca de Potosí”.

Los exiliados promovían charlas sobre de sus pagos y se preguntaban que emprenderían en su retorno a la Argentina. Plantearon como solución el negocio de plantar caña para producir azúcar y agua ardiente de caña, más conocida como “el Ron de los Piratas”.

En 1843 el General Gutiérrez era Gobernador de Tucumán y aliado al Puerto de Buenos Aires, o sea, Federal. El General tenía una sola hija, Zoila, quién se enamora de un unitario. “El Peludo Gutiérrez se preguntaba que hacer: su única hija se había enamorado del unitario Ezequiel Colombres y era un hecho que se iba a casar”.

Gutiérrez decide emitir un “Perdón” hacia los unitarios el cual tuvo vigencia solamente en Tucumán. Ante este hecho los exiliados deciden retornar a la provincia dado que sus vidas no corrían más riesgos.

“Mi tatarabuelo resuelve volver pero recién cuando sus hijos hayan finalizado sus estudios en Chuquisaca”. En 1846 llega a Tucumán y termina la casa que estaba construyendo, estructura que hoy posee la Sociedad Rural de Tucumán como sede.

Una vez radicado en la provincia decide instalar el ingenio azucarero y dar inicio a las plantaciones de caña de azúcar. San José fue uno de los primeros doce ingenios en Tucumán. “El trapiche de palo estaba instalado en todo lo que ahora es la sede la Sociedad Rural y así empezaron con la producción de agua ardiente y de azúcar”.

Con el correr del tiempo la situación de la industria fue mejorando, el crecimiento fue importante y así se incorporaron adelantes técnicos. En 1870 llega el ferrocarril a Tucumán, este avance facilita la incorporación de tecnología nueva en los ingenios. Se comenzó a utilizar dos trapiches rotativos y el cocimiento al vació.

En ese período los ingenios elevan su producción de manera tal, que la Argentina se independiza en el suministro de azúcar de todo el mundo. Tucumán producía toda el azúcar y el alcohol necesario para el consumo interno. El alcohol fue suministrado para usos medicinales, lámparas de alcohol, etc.

Cada ingenio constituía un centro poblado. “San José, que ahora es parte integrante de lo que es Tucumán, se encontraba a distancias siderales con otras zonas como el centro o Yerba Buena. Había un tren rural que recorría la Avenida Mate de Luna, la Avenida Aconquija y terminaba en el Corte. En ese momento el único pueblo industrial de Yerba Buena era San José”.

Don Pepe empieza a trabajar el ingenio recién en el año 1948.

Desenlace

La época de mayor esplendor del Ingenio fue desde 1870 hasta su cierre en 1967, año en que se realizó la última cosecha.

“Hay un desconocimiento casi supino de lo que fueron los cierres de los ingenios. Se presentan un montón de causas pero principalmente fueron políticas y de intereses de terceros. No fue de la noche a la mañana que Onganía y su delegado de azúcar Pinalli resolvieron intervenir los ingenios, fue todo un proceso largo”, comentó Don Pepe al respecto.

Agregó también que: “La industria azucarara venía sobrellevando un gran stock de azúcar producido en la época del Gobierno de Frondizi. Lo ideal tendría que haber sido la eliminación del excedente porque había una súper producción MUNDIAL de azúcar”.

Bajo la dirección de “Don Pepe” en 1964 el Ingenio San José vendió la primera exportación de azúcar hacia Japón. La operación resulto óptima y con una segunda negociación el ingenio hubiera eliminado todo el excedente. Sorpresivamente recibieron
una orden de la Dirección de Azúcar prohibiendo la exportación, esto llevó a la cancelación de contratos firmados. Esta orden nunca fue justificada y fue emitida por la persona que, en ese entonces, dirigía el Puerto de Buenos Aires.

“En esa época no existía la idea de ir a Antofagasta, el único lugar para enviar azúcar era Buenos Aires o Rosario donde los embarques eran de 4 o 5 toneladas pero la industria no estaba preparada para cargar esos volúmenes enormes entonces había que cargar embolsados porque tampoco había elevadores o silos”.

Don Pepe Frías Silva presume que participaron de los cierres gente del norte que tenía apoyo político y sostiene, del mismo modo, que había personas interesadas en crear una situación de caos tal como había ocurrido en Sierra Maestra en Cuba.

“Todo me hace pensar quienes fueron los únicos beneficiados con el cierre de los ingenios porque alguien tiene que haber salido favorecido. Lo cierto es que el cierre fue orquestado a través del Banco de la Nación Argentina porque la Industria Azucarera se financiaba a través de prendas sobre azucares. Los azucares sean de Concepción, San Pablo, San José, Santa Lucia o Los Ralos eran exactamente iguales en calidad. Un kilo de azúcar era equivalente a otro sin importar el ingenio al que pertenecía. ¿Cómo se explica que el azúcar de Concepción valía 30 centavos y el azúcar de Santa Lucía valía 0 centavos teniendo la misma calidad?”.

Sobre el final de la nota Don Pepe reflexionó: “Lo que a uno le duele es lo que paso después del cierre del ingenio, nadie me contó eso yo lo sé porque siempre viví acá. Yo vivía con mis obreros, mis empleados y juntos hemos pasado las mismas angustias: la falta de agua, luz, teléfono porque antes todo eso se obtenía gracias al ingenio. Además la situación en cada ingenio cerrado era un polvorín que estalló con la guerrilla, miles de muertos, desaparecidos y exiliados”.